Somos el reflejo de los traumas que nos heredan nuestras madres.
- Guillermo Rivera

- 10 may 2021
- 2 Min. de lectura
Llevo tiempo escuchando el papel que desempeñan los padres en los hijos, de hecho, he comenzado a observar qué actitudes mías son el resultado de ciertos momentos que viví de pequeño, qué cosas veía en ellos que ahora parecen natural en mi manera de actuar. Qué cosas buenas y malas heredé y desde ahí poder crecer como ser humano.

Así que, durante este ejercicio, me di cuenta que muchos traumas que tengo son por parte de mi mamá. Ahora, espero no lo tomen a mal; antes de ahondar en el porque pienso así, les comparto la definición de trauma psicológico y un ejemplo breve: Un trauma psicológico, es una emoción negativa y duradera. Normalmente nos desequilibra mentalmente y emocional; surge a causa de un miedo de gran intensidad (terror) o la falta de capacidad para controlar un peligro real o potencial.
Más allá de las diferentes corrientes de la psicología, existe un consenso acerca de que un trauma es un hecho que genera un estrés desmedido, que trasciende a las experiencias habituales. Yo tengo muchos, pero no por tenerlos significa que culpo a mi mamá, que por ella no he logrado mis metas u objetivos por las situaciones que viví, de hecho, cada día me doy más cuenta que he crecido en el privilegio, que a partir de ahí formo mis aspiraciones personales que no son grandes cosas o grandes sueños, de hecho, mi principal aspiración es vivir una normalidad feliz.
Es ahí donde decido encaminar todos mis miedos, todas estas inseguridades que pude desarrollar de pequeño por situaciones que ni si quiera podía controlar pero sí puedo responsabilizarme hoy en cómo me hacen sentir. El mundo puede ser perfeccionable, podemos entender que todos esos traumas de pequeños no son más que lecciones vistas en el correcto enfoque.
Si bien, uno de mis más grandes temores y que agradezco a mi madre es ser igual a los demás, a querer embonar en una sociedad siempre a pesar de no estar de acuerdo con ello, al no querer vivir nuevas aventuras y ceder mi libertad. Ella no lo sabe pero muchas cosas que he intentado a la fecha se han dado a partir de esos mensajes de aliento, de esas llamadas en los baños de una escuela nueva para mí en el primer día, en esas lágrimas que he visto en sus ojos y que me han dado más lecciones que otra cosa.
Puede sonar confuso porque diríamos que faltan características para tachar estas vivencias como traumas. Sin embargo, cumplen dos puntos muy importantes que sin duda alguna hoy más que nunca necesitamos encontrar un balance entre el equilibrio mental y el emocional. Así que, si tu mamá al igual que la mía te traumó inculcándote algunos miedos que para la sociedad parecen necesarios pero en su mayoría ocasionan un descontrol existencial debes sentirte afortunado.
Te amo, mamá.
Gente, tengan una gran semana.




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