Cuando los dioses caen del olimpo
- Guillermo Rivera

- 14 sept 2020
- 2 Min. de lectura
¿Alguna vez se han sentido decepcionados por personas que esperaban nunca los harían pasar por eso? Pues dejen les digo que las decepciones pueden hacernos perder toda esperanza de una vida mejor, un futuro más luminoso, o un presente feliz y alegre. Si se han sentido así apuesto han llegado a sentir que pierden la perspectiva y enfoque hacia dónde iban o quieren ir y es normal, creo que nunca nos enseñaron a canalizar una decepción a manera de aprender de ella sin guardar rencores.
En ocasiones he llegado a pensar que el mundo donde vivimos las decepciones constantes son una máxima y es complejo encontrar personas que merezcan nuestra confianza, ocasionando que nosotros decidamos si crecemos o caemos. En ciertas circunstancias podemos ser nosotros mismos decepcionando a los demás e inclusive nosotros a nosotros pero lo importante es aprender de los errores.

Así que, no permitan que sus decepciones marquen su camino o les hagan perder la dirección que ya llevaban; durante toda nuestra vida nos equivocaremos y cometeremos muchos errores, de hecho nuestra principal forma de aprender es mediante el error. Siendo nosotros mismos, con valores bien definidos y una actitud positiva, podremos confiar en quienes merecen nuestro amor y lealtad o simplemente dejar ir esos amargos momentos sin guardar rencores.
“Los humanos estamos hechos para formar relaciones estables de confianza con otros y a buscar apoyo en la gente que amamos durante tiempos difíciles (…) Es natural sentirse decepcionados cuando la gente en la que confiamos no nos cumple. Poner esos sentimientos en palabras y ubicarlos en nuestros cuerpos puede ayudar a asentarnos.
Tal vez sea bueno hacerle saber a la persona que no toleraremos tantas promesas rotas, mentiras o trato irrespetuoso. Hacerles saber las consecuencias que tendrá seguirnos maltratando. Los límites nos ayudan a sentirnos seguros emocionalmente y nos ayudan a restaurar nuestra autovaloración y respeto propio”, Greenberg.
Recuerda que a este mundo no venimos a lamentarnos, a sentirnos mal y a cargar un malestar durante el poco tiempo que estemos aquí. Tal vez no tengamos una vida llena de buenos momentos, pero donde sí tenemos control es en los malos si comienzas a verlos como un gran momento para crecer, para poder abrirte con las personas que amas y hacerles saber lo que sientes y no quieres que suceda de nuevo.
Finalmente, la psicología indicó que en este tipo de situaciones debemos convertirnos en nuestros mejores amigos, aceptar lo que ocurrió y, lo más importante, “aprender de la experiencia y no permitir que los problemas de otras personas nos afecten”. Responsabilizarnos de todo lo que nos pasa puede cambiar la manera en que vivimos.
¡Buen inicio de semana, gente!




Comentarios