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Cuando ves el fin de una vida en otros ojos

  • Foto del escritor: Guillermo Rivera
    Guillermo Rivera
  • 27 jul 2020
  • 2 Min. de lectura

La semana pasada hablé con una persona muy especial para mí, me platicó la historia de su perrita, que se encontraba muy mal y el doctor les dijo que le quedaba una semana de vida porque su estado de salud estaba muy decaído y, a pesar que ella quería seguir a un lado de su familia, el tiempo había pasado y era momento de partir. Hoy ya no está con su familia pero los recuerdos de todos esos momentos tan felices y únicos que compartieron no tienen valor.


A todo esto, me quedé pensando en qué pasaría si un doctor me dijera que un ser querido tiene una semana de vida, que se encontraba cada vez más cerca el momento de despedirte para siempre de ella o él. Que por más que tú quisieras no puedes hacer nada y aunque tú lo sepas no podrías decirle. Con esto en mente me di a la tarea de recordar mi tiempo aquí y las personas que me han acompañado incondicionalmente, el pensar qué sucedería si yo supiera que la persona con la que estoy hoy ya no lo estará.

Cuando me mentalicé comencé a sentirme de triste, un poco vacío y tenía rabia al saber lo pasajera que es la vida. Al poco tiempo me fui tranquilizando y trataba de respirar más lento hasta que noté que ese sentimiento pasó de molestia a nostalgia, nostalgia por saber cuánto tiempo he pasado con las personas que quiero y muchas veces sin darles la atención necesaria, que qué sucedería si me dijeran que es la última semana de vida de cualquiera de ellos pero no lo saben. De tener la capacidad de influir en su día y no saberlo.


No quiero que esto suene a un discurso más como el de: aprovecha el tiempo, vida una, se va a morir tu ser querido y aprovéchalo. Ese tipo de mensajes no son malos, pero pienso que no debes de llegar a ese extremo. La realidad es que sí debemos entender que en ocasiones vale aprovechar el tiempo que tengamos con cualquier otra persona; el tiempo pasa, los momentos y sentimientos que compartas valen la pena siempre y cuando no los guardes para mañana y aprendas a vivirlos al momento.


Me duele darme cuenta de estas cosas tras la perdida de un amigo tan fiel como una mascota. Es triste saber que no puedes hacer nada cuando el fin se acerca pero cuando comenzamos a reír, amar, compartir errores y aventuras con otros es cuando realmente aprendemos a entendernos y crecemos.


Yo no sé ustedes, pero ahora más que nunca agradezco las experiencias que he tenido con la gente que sigue a mi lado aunque me hayan visto darme esos santos chingadazos al caerme, mis peores borracheras hasta mis mejores momentos, grandes errores y por dejarme estar con todos hasta el grado de leerme hoy. La ida de Danna dejó más que buenos recuerdos, sino lecciones que todos debemos aprender y aplicar todos los días.


!Buen lunes, gente! Hagan lo que les apasiona porque les juro no hay mejor sensación.

 
 
 

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