Depresión social
- Guillermo Rivera

- 5 abr 2021
- 3 Min. de lectura
Confrontar tus temores siempre ha sido toda una odisea. En mi caso, recuerdo como de pequeño me daba miedo irme a dormir con las luces completamente apagadas, casi siempre dejaba unas cuantas encendidas y eso me quitaba un poco la sensación de vacío o persecución cuando subía de la cocina. Sin embargo, creo que esos temores son una representación de la vida y una gran enseñanza. Lo digo porque nuestro día a día debe tener oscuridad, a veces más de la necesaria y el problema es que en ocasiones perdemos de vista las luces y el cómo conectar con ellas para sentirnos mejor y en paz.
Como cualquier persona, han habido ocasiones donde ese lapso de oscuridad es mayor, dejan de ser días y se convierten en semanas o meses, cada persona lo vive diferente y le impacta diferente. Hoy quiero compartirles cómo fue que en mi cuarto comenzaron a apagarse las luces el mes pasado; me prometí ser lo más transparente posible, evitar expresar sentimientos si realmente no los sentía porque siempre he odiado ver una super positividad en las personas cuando en realidad no están bien. David R. Hawkins en su libro Dejar Ir menciona que el negar emociones malas termina dañando nuestra existencia.

Desde que inicié esta aventura, la idea de ir en contra de lo "normal" y seguir nuestras metas nunca había sido tan desafiante. Me hizo revivir viejos temores que pensé ya no existían de cuando me operaron, comencé a dudar de mí y mi capacidad, perdí la inspiración y caí en ese bache donde te sientes incompleto, donde comienzas a hacerte las preguntas difíciles.
Hoy en día hemos dicho que sufrimos depresión tantas y tantas veces que la hemos frivolizado y cuando quieres sacarlo para contarle al mundo que estás destruido se acostumbra decirte que no seas absurdo y que todos pasamos por eso. Creemos que para tener una depresión hay que ser un determinado tipo de persona, alguien solitario, con pocos amigos, que tenga problemas de cualquier tipo, que no se relacione con su familia, o creemos que te ha tenido que pasar algo en la vida, algo que nos pasa a todos, y tú, como no has sabido resolverlo, tienes una depresión pero no es así.
Te podría asegurar que muy pocos sabemos cómo duele una depresión. De hecho, ni siquiera sabemos que una depresión duele. Creemos que padecerla es estar muy triste por un corazón roto, perder a alguien, tener preocupaciones económicas y materiales pero puede ser más profundo. Sufrir una depresión es no saber quién eres, no reconocerte en el cuerpo, estar sin fuerzas y voluntad, que cada mañana es un conflicto porque no se puede enfrentar un nuevo día porque crees que no vas a llegar al final del mismo y no encuentras motivos para hacerlo.
Recuerdo lo que sentí ese pequeño tiempo, tenía más miedo del que había tenido en toda mi vida, más del que creía podía tener. ¿Y qué te da miedo? Te da miedo vivir o dejar de vivir. La depresión es una sucesión de días y días iguales. Son días llenos de soledad, de angustia, de ansiedad, de miedo, de una tristeza más grande que tu vida y de pánico. Estás en medio de tus días iguales y no sabes cómo has llegado a ese punto. No sabes quién eras antes y puedes llegar a pensar que nunca se encenderán esas luces otra vez.
Comienzas a escuchar un millón de consejos. "¡Anímate, esto son unos días, esto nos ha pasado a todos!","deberías hacer más ejercicio", "madrugar", "hacer yoga", "meditación" y tú te dices: "No". Y luego te juzgas.
Hoy sé que padecer una depresión no es una elección. Nadie elige desconectarse de su familia, de sus amigos, de su vida, de lo que te hacía ser tu mismo. Nadie elige sentirse tan solo que le dé miedo salir de la cama por las mañanas, no existe un determinado tipo de persona susceptible de tener una enfermedad. Nos puede pasar a todos. La mayoría de las depresiones, el 70 %, se curan, pero es un tiempo larguísimo, mucho más del que los enfermos y su familia querrían, porque además, el médico no te puede decir "Te quedan cuatro meses, te quedan seis, te quedan ocho". Ojalá te lo pudiera decir, porque ponerle un horizonte temporal al sufrimiento lo hace menor, lo encajona, lo hace llevadero, pero no es así, necesitas convertirte en paciente y tener paciencia.
Mi consejo, nunca dejes de expresar lo que sientes, aprende a dejar ir las emociones negativas aceptándolas y desapegándote de las mismas. Sé consciente de tus emociones y arriésgate a que estén contigo porque, la paciencia y el amor propio es lo que irá prendiendo nuevamente esa lámpara que te hará disfrutar una vez más de la noche.
Gran inicio de semana.




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