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Enójense más ahora que pueden.

  • Foto del escritor: Guillermo Rivera
    Guillermo Rivera
  • 27 abr 2020
  • 3 Min. de lectura

Ya se cumple más de un mes que estamos encerrados en casa y los momentos más difíciles y desesperantes cada vez parecen ser más que los de paz y tranquilidad. Hoy les quiero escribir respecto al enojo y cómo fue que la semana pasada ha sido una de las que más desequilibrio he padecido y literalmente por cosas que la verdad no deberían de molestarme.


Voy a comenzar con las compras en línea y su auge en ser el medio de consumo más grande a nivel internacional dada la situación (ya tengo un pedo con eso porque me la paso viendo qué comprar por el cel a las 2am) pero, las idas al supermercado en línea me han generado una frustración bien cabrona; si pides algo en el cel se tardan una semana en traerlo y siempre está pinches mal, no frieguen, yo sólo quería mis galletas maría y no las cosas sin sabor a mantequilla que me trajeron.


No quiero sonar mal pero obvio me las comí porque antojo, pero después de un paquete entero y una sensación del famoso mal del puerco, me quedé pensando los sentimientos que me recorrían y no eran gases. Gente, no sé si haya más Memos en cuarentena que están de malas y la mera neta no sabemos ni qué pedo y más porque creías que todo iba bien pero chance no.


Mi lunes comenzó chingón, me levanté temprano, hice limpieza, leí, me disponía a hacer ejercicio pero, ahí estaba, esa pequeña pero muy hijita de la chingada sensación de hueva, de autocrítica, de vacío, de coraje conmigo, de desajuste. Me di cuenta que las cosas comenzaban a irritarme y entre ellas estaban unas grandes y otras que la neta ni al caso. Cómo les explico que si un pinche tenedor o papel de baño no estaba en su lugar me transformaba en coordinadora de primaria enojada en instantes.


Existían molestias que la verdad no tenían razón de ser, ejemplo, con mi familia, con mi rutina y conmigo por la desesperación de creer que no hacía nada (como les explico que de la ansiedad caí en la desesperación de dejarme un corte tipo Forest Gump parecido a cuando iba en kinder).

Pero no queda ahí, me dispuse a entender resolver mi enojo y me encaminé a entender qué era esta sensación, dónde se generaba y por qué me sentía tan encabritado conmigo y lo reflejaba hacía los demás. Siendo así, me percaté que realmente el enojo era hacía mí mismo porque me sentía poco productivo, porque aunque pareciera que soy y cumpla con mis objetivos diarios, realmente no lo pensaba y eso genera un desajuste personal. Sí, la mente es cabrona.


Hay ocasiones que dejar a un lado la visualización y comparaciones sobre qué hice, qué hacía y haré es lo mejor; centrarnos en el ahora y pensar como los alcohólicos, solo por hoy, funciona. A mí me pasa que hay días en los cuales me comparo con lo que hice ayer o hace dos semanas y lo que veo que hacen las demás personas, lo que ocasiona que me enoje y autocastigue conmigo porque no hice lo que creo que es lo mejor para mí.


Si me preguntan qué cambié, fue enojarme mucho más y alejarme un poco para entender qué sucedía. Sé que dirán, ahora qué chingados, pero es verdad lo que digo y no es una cosa que escribo para que digan, ah no marches, quiere sonar interesante este krnal. Pero insisto, lo mejor que pueden hacer es enojarse y entender qué activa ese sentimiento, qué cosas los irritan pero, no se centren en el papel de baño o en las galletas marías, sino lo que en verdad detona la irritabilidad que tenemos. Vean a su enojo como parte de ustedes porque, seamos sinceros, TODOS tenemos nuestro carácter de la chingada y, lo importante es cómo lo canalizamos. Hagamos esto, cuando se enojen paren totalmente y en medida de lo posible, respiren, digieran el enojo y piensen qué está pasando ahora que los hace molestarse tanto y encuentren la verdadera razón.


Entendamos y expliquémonos nuestro enojo en lugar de demostrarlo hacia los demás, demos los primeros pasos a una solución y autoconocimiento en lugar de querer quemar, aventar y o gritar todo este cúmulo de sentimientos incendiarios que nos llegan. No dejen que ese sentimiento se apodere de ustedes, no pierdan su paz mental y mucho menos dejen de hacer las cosas que los hacen sentir mejor, esos hábitos que nos llenan y hacen sentir plenos.


¡Ánimo gente, un día más es un día menos!

 
 
 

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