No seas lo suficientemente feliz para vivir.
- Guillermo Rivera

- 11 ene 2021
- 3 Min. de lectura
Hace poco leía una historia que me hizo reflexionar respecto a la felicidad y dice así: Hace más de 2500 años existía un rey que como cualquier otro padre buscaba que su hijo fuera el ser más feliz del mundo. Por eso, se propuso hacerle la vida perfecta, sin problemas, sin necesidades ni nada de esas cosas y, decidió "protegerlo" de una manera inimaginable, le construyó un fuerte con paredes más altas de lo que podemos imaginar para no tener contacto con la cruel realidad de la vida exterior.
Pasó el tiempo, el niño creció sin necesidades, sin aspiraciones y sin miedos. Imagínate que te pongan sirvientes hasta para limpiarte cuando vas al baño, que agusto. No sé si tú, pero en algún punto vería el estar así de cómodo como un estado de felicidad pura, felicidad en extremo y sin preocupaciones. Es más, cuando la vida nos enfrenta a las decisiones como qué hacer cuando terminamos los estudios, dónde queremos trabajar, qué hacer cuando perdemos un proyecto por el que luchamos mucho o simplemente ir tropezando una y otra vez es cuando más en paz queremos estar.

Sin embargo, el joven no se sentía nada bien y te apuesto que tú te sentías igual que él en ese momento, frustrado, vacío, sin sentido y con dudas. El problema que enfrentaba el príncipe era que nunca era suficiente, siempre quería más y más dentro de su fortaleza de la soledad y, como cualquier ser humano, el encierro lo desquiciaba, le generaba curiosidad saber qué había más allá de los cuatro muros así que, un día decidió escaparse, salir de su zona de confort y ver qué había más allá. Como debía de suponerse, lo que observó fue sufrimiento, dolor y escasez al grado de generarle una crisis existencial. Que chistoso, parece que estoy contando una parte de mi vida.
Después de enfrentar la realidad, regresó a su morada y comenzó a estar enojado, le reclamó a su padre por ocultar todos los problemas y por sobreprotegerlo, decía que lo hizo miserable y le robó el sentido de la vida, cualquiera que fuera para él. Tras culpar a los demás por su infelicidad, decidió escaparse, decidió sufrir y exponerse como cualquier otro ser humano, el hombre deseaba pasarla mal y eso obtendría.
Pasó el tiempo y se dio cuenta que tampoco era tan bueno sentir lo opuesto; no encontraba el sentido de la vida como esperaba hacerlo viviendo en las calles. Sin embargo, descubrió algo interesante: el dolor es terrible y no necesariamente significativo como creemos. Al igual que cuando tuvo todo, no encontraba su razón de ser ni el valor del sufrimiento cuando sufrir no tiene un propósito.
Seguía pasando el tiempo hasta que un día decidió parar, sentarse debajo de un árbol y permanecer quieto hasta que una nueva idea llegara a su cabeza. Según la historia, este personaje se quedó sentado por 49 días, o eso dicen. Lo sorprendente es un pensamiento que nos dejó y es este: La vida misma es una forma de sufrimiento, los ricos sufren por su riqueza, los pobres por su pobreza, las personas que buscan placeres mundanos sufren por esos mismos placeres mundanos.
No digo que todo el sufrimiento sea igual, algunos serán más dolorosos que otros pero al final todos lo hacemos. El dolor, los vacíos y la incertidumbre existen y cuando más rápido los aceptemos será mejor.
Tampoco quiero decirte que existe una guía para ser completamente feliz o menos infeliz. Los malestares y malos momentos son naturales para el ser humano, son componentes fundamentales para crear una felicidad estable. En nosotros queda el decidir qué tan feliz e infeliz seremos y a partir de ahí encontrar esa estabilidad emocional que queremos.
Ah, por cierto, a ese joven lo conocieron como Buda.
Buen lunes y excelente semana, gente.




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