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¿Qué es la música “difícil”?Tips para alcanzar el fitness cultural por Alberto Rosales

  • Foto del escritor: Guillermo Rivera
    Guillermo Rivera
  • 3 jun 2020
  • 6 Min. de lectura

Los que no me conocen personalmente: primeramente, gracias por atender al blog de mi amado y talentoso Guillermo Rivera, para leer estas palabras que les traigo; y, en segunda, no estarán hartos de escucharme balbucear mis argumentos maltrechos de por qué el consumo cultural en México es tan de terrible calidad.


Pero en esta ocasión intentaré deconstruir un poco más mi pensamiento, porque lo único que he logrado, hasta ahora, es agüitar fiestas y ganarme un poco más de “hate” de lo que usualmente recibo por tener esta personalidad que me cargo. Y con mucha razón, cómo no iba a haber “hate”, si yo mismo le tiro “hate” a gran parte de la cultura popular mexicana.


Entonces, hoy quiero cambiar de acercamiento: no voy a hablar de lo malo que va a pasar si seguimos tragando la música que los 40 Principales nos sigue alimentando a la fuerza; no, hoy voy a hablar de las grandes cosas que podríamos lograr, si le invirtiésemos un mínimo de dedicación a consumir la “música difícil”.


Ése es el término que necesitaba anteriormente: “difícil”, para evitar que me digan hipster pretencioso. Hoy lo que vengo a traerles está lejos de la pretensión, arrogancia o esnobismo; esta opinión viene de mi amor a la música, que ha sido la pasión de mi vida y mi vocación sincera. Les aseguro que están en buenas manos. Así, podremos hacer todos el ejercicio de la imaginación de qué es la “música difícil” y la importancia del fitness cultural.


Todos tenemos uno o muchos géneros musicales que nos resultan particularmente repelentes a nosotros en específico y sí, hay ocasiones en que la música no cumple los estándares de calidad necesarios para poder ser apreciados (más allá de sus autores); pero no, en este caso estamos hablando de esas rolas, álbumes, artistas y géneros, que vale la pena escuchar por su tremendo valor cultural; y que aún así es despreciado por la mayoría de la población, al ser música, digamos, un tanto, “inaccesible”.


Entonces primero debemos reconocer este contenido artístico. ¿Cómo identificamos esa parte de la cultura? Ah, muy fácil. ¿Alguna vez has hecho alguna de estas afirmaciones? “Esa música es puro ruido”; “Eso que estamos escuchando está muy raro, no me gusta”; “Quita tu música de elevador”; “Nadie escucharía música tan aburrida”; “No cantan en toda la canción, qué flojera”...

Ahí encontraste lo que es la ‘música difícil’, para ti. Al decir cualquiera de esas frases, estarías descalificando todo un espectro de música completa. Y eso siempre se me ha hecho lo más triste de la vida: un mundo de arte completamente ignorado; un gran número de artistas que han dedicado recursos vitales para el ejercicio de su pasión; un vasto mar de canciones sumamente enriquecedoras… todo en el olvido/desprecio/desinterés colectivo.


Sin embargo, todos olvidamos, que el hecho de ver una película, leer un libro, observar una pintura, seguir una serie, admirar una escultura y, en el caso que nos compete, escuchar música; es un acto de ingesta, es “comer”, es digerir… lo dice la misma palabra: CONSUMIR arte. Y, estoy seguro, que nunca nos hemos preguntado: “¿Cuántas calorías hay en esta rola?”; “¿Este disco, tendrá grasas saturadas?”; “¿Cuánto sodio le pone este artista a su música?”


No es tan estúpido, como parece, plantearse estas preguntas; porque la cultura es el alimento de nuestro cerebro y, como algunas comidas, no todo el arte es preparado de la misma manera. Igual que las drogas: tenemos una sustancia que no es ni buena ni mala per se; sino que es nuestra relación con estos objetos los que derivan en particularidades buenas o malas.

Por lo que, estaría bien que seamos honestos con el “valor nutrimental” de la cultura que consumimos. No por ser moralmente superiores (porque ser una persona culta no te hace superior, como tener un vientre plano no te hace mejor persona); sino porque nuestra salud intelectual es tan importante como la física y la emocional.


Nuestro bienestar cultural es algo que hemos descuidado mucho de este lado del Atlántico, obviamente por factores políticos, sociales, geográficos, etc.; pero, casi nadie está haciendo nada por cambiar esto. Es más, al contrario nos hemos complacido en el “fast-art” (à la “fast-food”), por ser rápido de consumir, rápido de conseguir, rápido de producir, rápido de saborear y rápido de desechar.


Queremos que todo sea fácil, instantáneo, en la boca y divertido. No obstante, las cosas más valiosas pueden llegar a ser todo lo contrario: difíciles, tardadas, arduas de alcanzar y, en ocasiones, laboriosas. De esta manera, cuando entramos en una “dieta” musical, claramente no será lo más fácil del mundo y más cuando llevamos años de sobrepeso y obesidad. Por eso yo te traigo aquí tips, para que juntos podamos lograr el fitness cultural y más allá de eso, para que disfrutes nueva música que te brindará de grandes perspectivas, además de mucha salud mental, espiritual y emocional (parecerá mucho tiempo invertido pero podrás hacer todos los pasos en menos de 2 horas, en total):

  1. Poquito a poquito

La ‘música difícil’ es un gusto adquirido. En las rutinas de ejercicio, uno no empieza haciendo 200 lagartijas; se empieza con poco y se va subiendo la intensidad conforme uno se va adaptando. El fitness cultural es lo mismo: primero escoge un género de música que por el momento no te guste (hay playlist dedicadas a casi todos los géneros de la historia en Spotify y Apple Music). Encuentra un artista que te dé curiosidad; encuentra el álbum con la portada que más te atraiga y escucha la primer canción del disco (siempre comenzar por la primer canción de un álbum). Empiezas con una, dos, tres canciones o lo que aguantes al principio (te recuerdo que probablemente no disfrutarás este paso).


[Si no se te ocurre nada, te recomiendo que busques cualquiera de estos términos: ‘doom metal’, ‘jazz-fusion’, ‘shoegaze’, ‘space rock’, ‘ambient’, ‘noise music’, ‘contemporary classical music’, ‘progressive rock’. Igual, intenta explorar más idiomas, además del español y el inglés y a lo largo de todas las eras de la música]

  1. Escucha el álbum completo

Ahora que ya escuchaste el principio del disco, intenta escucharlo todo completo. Además de que estarás haciendo a los artistas muy felices, podrás perfectamente darle un contexto a lo que estás escuchando. Tal vez sigas sin disfrutarlo, pero al menos ya entendiste la unión, congruencia y trama del álbum. ¡Felicidades! Eso es un logro, porque casi todos se quedan únicamente con lo que escucharon en una sola canción, cuando la unidad musical por excelencia son los álbumes (LPs y EPs).

  1. Haz la pregunta: ¿cómo hicieron esto?

Para este punto, ya has de tener cierto interés en lo que has escuchado. Escucha al menos tres veces ese disco que escogiste. Fíjate cada vez que lo hagas en la producción del disco (los volúmenes, la “limpieza” de la grabación, qué instrumentos están favorecidos). Intenta escuchar la melodía y el ritmo (la música como tal). E intenta buscar la letra de las canciones (el mensaje verbal de la música, si aplica). No necesitas teoría musical, sólo necesitas saber si ya te está cautivando lo que escuchas (si para este momento sigues sin disfrutar nada de lo que estás haciendo, regresa al primer paso y escoge otro género, artista y/o álbum, no te tortures innecesariamente).

  1. Investiga más sobre la canción, álbum, artista y/o género

Para este momento es innegable que encontraste algo que te gustó y despertó tu curiosidad por completo. Aquí ya puedes escoger tus canciones favoritas y ponerlas en replay las veces que quieras; además de que te invito a sumergirte en todo lo que quieras en averiguar: de dónde salió la banda, cómo son/eran sus dinámicas, qué conciertos han transmitido y todo lo que se te ocurra. En este paso, por igual, revisa qué otros discos tiene la banda y repite el proceso con cada uno de ellos [RECUERDA: cuando escuches por primera vez un disco, empieza desde la primer rola].

  1. Los “cheat days” son válidos y recomendables

¿Sabes por qué permitimos “cheat days” en esta dieta? Porque ahora ese disco que escuchaste, que antes era ‘música difícil’, ahora ya no lo es. Ahora en tu biblioteca musical, tienes una nueva adquisición, que puedes repetir cuanto quieras y tener la gratificación de que te has superado. Has sido recompensado con haber dominado un reto muy engorroso y puedes continuar: repite el proceso desde cero, cada vez será más natural y sencillo, pero seguirá siendo trabajo, algo, duro.


Te aseguro que después de hacer este proceso varias veces, te sentirás súper saludable con tu intelectualidad.


Lo increíble de este proceso es que puede ser extrapolado a cualquier forma de cultura: cine, televisión, arte gráfico, etc. Lo importante es siempre seguir consumiendo una variedad más amplia de arte y reducir nuestro consumo de aquellas partes de la cultura que inmediatamente buscan engordarnos con cultura sumamente redituable pero terriblemente dañina para nuestro intelecto y el intelecto colectivo que nos representa como sociedad.


Es importante recordar que no tiene NADA de malo escuchar la música “fácil”. Como puede llegar a ser muy grato comer en restaurantes de comida rápida; escuchar esas rolas que inmediatamente te saben bien y te ponen a bailar y a cantar y a distraerte de lo horrible que es el mundo, es algo por completo válido. Sólo que, innegablemente, no es algo que debamos ingerir todo el tiempo.


Si todos nosotros en nuestras comunidades empezamos a adquirir mejores hábitos “alimenticios”, nos podremos desarrollar como mejores personas y poder exigirles a las personas de autoridad, desde el sector musical, hasta el ámbito político; que no nos pueden tratar como idiotas, que merecemos mejor música, mejor cultura y un mejor estilo de vida.


Es todo. Sean felices y libres. Sigan a Memo en todos sus proyectos. Yo estoy en Instagram como @betofme, pueden pedir recomendaciones y con gusto puedo personalizar una playlist para ustedes. Muchas gracias.


 
 
 

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