Un tic en el ojo y otras prisiones por Roxana Suárez Arriola
- Guillermo Rivera

- 13 may 2020
- 3 Min. de lectura
¡Ah chingá!, ¿qué es eso del amor propio? Y ¿con qué se come? Lo mismo me preguntaba mientras me veía al espejo, llorando una noche más, con un tic nervioso en el ojo y con ganas de dormirme para no despertar jamás.
Evidentemente eso no era amor propio; estar en una relación donde la persona a la cual amas con todo tu ser siempre te falta al respeto, te es infiel, todo el tiempo es violento contigo, te hace llorar noche tras noche y no hace otra cosa que minimizarte, eso no es amor propio. ¿Y qué nos lleva ahí? Muy sencillo, el vacío interno, que nos hace creer que por un par de abrazos, caricias y muestras de “afecto” ya hay amor y que la otra persona nos ama (cosa que no hacemos nosotros mismos).
Ustedes dirán: ¡No chingues Rox!, ¿a poco no te dabas cuenta de tu relación y que debías dejarla? La respuesta es sí, sabía perfectamente que no debía estar ahí, lloraba por no poder salirme y el estrés que esto me ocasionaba me trajo un horrible tic nervioso en el ojo izquierdo. Tenía todo para poder terminar con la relación, pero me faltaba el ingrediente secreto para poder hacerlo. Mi consciencia lo sabía (cada que veía el violentómetro en la universidad lo recordaba, o cada que veía un post de “ahí no es”), mi cuerpo lo sabía (y me lo recordaba mi ojo izquierdo todo el tiempo), la voluntad me faltaba porque a mi corazón le faltaba amor propio. Y es que todo el amor que tenía lo daba a manos llenas a mi relación y me quedaba con nada para mí, me alejé de mi familia, amigos, me alejé de mí misma.

Antes me preguntaba cómo la gente podía estar con alguien que les hiciera daño, me parecía una estupidez y que esa gente estaba tonta, y ¡oh sorpresa! También uno puede estar “tonto” y equivocarse. Ahora entiendo perfectamente que es estar encerrada por una cárcel que creas tu mismo, con barrotes más fuertes que cualquier prisión de máxima seguridad y de la cual sólo se puede salir con una llave que encontramos en nuestro corazón.
Lo que menos quiero con esta historia es que digan “pobre chava”, porque no es el caso, me di cuenta de que fui víctima de mí misma, de mis temores y falta de amor propio. Fui prisionera de una cárcel que cree yo misma, barrote a barrote sin comprender que fuera de ella, de abrir esa puerta de mi cárcel personal estaba el universo entero esperando.
Finalmente comprendí que, si hay alguien en el mundo que se debe de preocupar por mí, soy yo misma; si alguien debe amarme, soy yo misma. Y una vez que abrí esa puerta con la llave del amor propio, pude dar mucho más amor a mi alrededor, no hablo de una pareja, sino de amigos, padre, madre, hermanos, familiares, animales, naturaleza y al universo entero. Y lo más importante, si no tienes amor dentro de ti, nunca podrás amar a nada más en el universo.
A todos los que se han sentido o se sienten igual, en una cárcel personal (y no necesariamente por una relación destructiva): Tienes que comenzar a amarte y demostrarlo. ¿Cómo? Empezando con cosas sencillas como cuidar tu cuerpo, leer eso que tanto quieres leer, ir a esa terapia (aunque te mueras de miedo), hacer ese viaje solo, platicar sobre tus sentimientos con la persona que mas creas que te ama y en la que confías, bailar si amas hacerlo, cantar lo que quieras sin importar nada, meditar si necesitas (aunque la gente lo crea tonto), ser tú, brillar con tu luz y brillar por ti, GASTAR TU ENERGÍA para romper esos barrotes uno a uno.
Así, siendo personas integrales, nuestra luz interna tendrá tanta fuerza que nunca creemos barrotes porque sentimos que algo en la oscuridad nos va a atacar.
Lo bonito de pasar por un momento difícil radican en el final, cuando destruyes tu propia cárcel. Ya que terminas agradeciendo todo, a eso que tanto te hizo daño porque te hizo crecer, a esa persona que te destruyó la perdonas de corazón, le agradeces y sobre todo le mandas luz para que un día deje de estar en su cárcel. Y llegamos a la paz interna, un sentimiento tan placentero, tan lleno de amor y de luz, que nunca permitirás que algo o alguien te lo quite por temores.
Buenas vibras a todos y mando toda la fuerza y luz para quienes lo necesiten y estén leyendo esto. ¡No están solos ni solas!
PD: el tic desapareció una semana después de que se terminó mi relación, nunca más regresó.




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