Una mamá muy padre
- Guillermo Rivera

- 11 may 2020
- 3 Min. de lectura
Durante mucho tiempo he escuchado y visto en distintos medios que para un hombre el lazo con su papá es incomparable, incluso hasta mayor en cuanto a confidencias, lecciones y consejos, pero no es mi caso del todo. Podría decir que la relación con mis padres fue un poco diferente, si bien, mis padres están separados y entiendo que ambos tuvieron un pasado complicado cada uno y un presente peor, digo, aguantarme no debe ser fácil y más por la cuenta que tuvieron que pagar por la operación que tuve a mis ocho años, una disculpa jefe, la neta le hubieran echado más ganas ustedes para que no saliera defectuoso.
A pesar de eso, durante mucho tiempo noté que yo era más cercano a mi mamá y a la fecha lo soy a pesar que trato de tener un balance con ambos. Ojo, no quiero decir que mi papá y yo no nos llevamos bien, tuvimos momentos difíciles pero la neta el señor y yo nos llevamos a todo dar. No seas celoso jefazo, ya vendrá el día en que festejemos a los OK. Pero bueno, hoy le escribiré a mi mamá y a todos para agradecerles y amarlas.
Cada que hablo de mi guera preciosa me vienen a la menta un sin fin de recuerdos pero en esta ocasión les quiero platicar de uno. Tenía unos 9 años y normalmente en mi casa se quedaban unos primos y junto a mi hermana jugábamos escondidas con todas las luces apagadas los viernes a las 9 de la noche (ya sé, qué carajos nos pasaba), entonces, ya llevaba rato escondido en un cuarto que tenía mi mamá donde tenía muchas manualidades y cositas que usaba para pintar, tejer y más madres de esas. Sepan que como la persona tan entregada y competitiva que soy moví muchas cajas, me metí debajo de la mesa y me quedé ahí, quieto y con las típicas ganas que te daban de hacer del baño a esa edad cuando te escondías.

Para no hacer el cuento largo, adivinen quién entró, mi mamá, así que tuve dos opciones, no moverme y esperar a que se fuera ó espantarla. Estoy seguro que está de más decir cuál fue, entiéndanme, fui víctima de las circunstancias. Les juro que hasta ese día, nunca había escuchado decir una sola grosería a Verónica. Neta no sabía si llorar o reír al momento en que me se recordaba ella misma o por la manera en cómo tomaba color su piel después del espanto.
Pero amigos, no nos quedemos con eso ni con las groserías, aquel día comprendí que el amor de mamá es único, puedes espantarla, puedes hasta lastimarla jugando un poco brusco con ella y hasta burlarte por algún accidente, pero, ella siempre estará para ti, siempre estará para enseñarte el deporte que amas y para ser tu fan número uno aun cuando pierdas jugando fut 7 - 0 y tú seas el portero, siempre estará cuando te rompan el corazón, siempre estará en las malas, en las peores y en los sustos por jugar escondidas.
Lo que quiero decirles es que valoremos y amemos más a nuestras mamás, no importa si fueron buenas o malas, si están o no, simplemente nos dieron vida, somos una representación de su amor y de ellas mismas. En este mundo siempre habrá mamás malas y buenas, lo que importa es perdonar si no supieron como ser mamás porque nadie sabe cómo serlo y amarlas. Estoy seguro que a pesar de todo, el día que queramos un abrazo ellas estarán ahí.
Por último, quiero agradecer a esas mujeres que a pesar de no ser nuestras mamás de sangre en muchas ocasiones lo fueron y son, porque una mamá no sólo es la que te da vida, sino la que te educa, ama y apoya. En verdad gracias a cada mujer que alguna vez fue eso para mí, especial a mis tías que me han regañado, orientado, apoyado y amado con todo el corazón y sin esperar nada a cambio.
Feliz día a todas y en especial a la mía.
¡Te amo!




Comentarios